CAVIAHUE – COPAHUE 3

Caviahue armonía

Cascada del Agrio

Las nieves del volcán Copahue viajan disolviéndose en cascadas a través de varios ríos y arroyos. Así recorren innumerables saltos, bajan de forma muy abrupta, de golpe en golpe, de terraza en terraza, a cuál más atractiva. El Río Agrio no puede ser menos, también procede del volcán, pero viene solazándose desde la ladera argentina formando pequeñas lagunas, como si se serenara de a ratos y luego buscara algún desnivel de proporciones para darse un chapuzón. Eso hace precisamente aquí, en el Salto del Agrio, una cascada de unos cuarenta metros por la que el río se desploma sobre una pequeña olla, y en donde muestra su esplendor esmeralda para luego desaguar hacia el este. Pero antes de desmadrarse, las aguas, que se han deslizado sobre el cauce durante milenios, van dejando una impronta de colores originados por los minerales que arrastra. Una constelación de amarillos y ocres parece escurrirse junto con el agua y la acompaña o la arrastra como inaugurando incesantemente estrellas de colores sobre la superficie trizada. Nos decimos que el esfuerzo valió la pena, hemos llegado hasta aquí a pie, tocando, admirando, acariciando los pehuenes, no es lejos, quizás siete u ocho kilómetros desde Caviahue, unos miles de pasos palpando restos de nieve, caminando con la seguridad de que la caminata de Neil Armstrong sobre la luna no tuvo esta importancia, esta placidez, el cobijo de tanta naturaleza.

Nevada

Anoche ha nevado mucho. O tal vez poco, o normal, habría que vivir en Caviahue para saberlo. Salimos a buscar el intento de una travesura, la experiencia de la nieve en los zapatos. O mejor, de nuestros pies enterrándose en la nieve que todavía es polvo, que hace un rato dejó de caer. Todo es inédito, descubrimiento para nosotros, los matices del paisaje modificados por el resumen de todos los colores: el blanco. Los pehuenes con sus ramas engrosadas por la capa blanca que se les ha adherido, los autos que circulan temerosos con un agujero en el parabrisas blanco, como una especie de periscopio horizontal, las gaviotas que se confunden contra el blanco de la playa. Fotografiamos en contraluz las marcas que vamos dejando, las pisadas, la superficie hundida con la forma de los borceguíes. También observamos otras pisadas blancas mientras desde la gran altura de los pehuenes se desprenden copos gruesos sobre nosotros. Hay huellas varias diseminadas por los senderos nevados que recorremos aquí, en los alrededores de la Municipalidad. Entre todas descubrimos cuatro marcas ovoides juntas, y la repetición exacta cada un par de metros, y así una sucesión de ellas que nos hace pensar en algún perro o gato que ha pasado apurado. Las seguimos, las huellas se pierden inesperadamente entre las matas cubiertas. De pronto, de abajo de una mata de caña colihue sale corriendo ella. Grandes orejas de liebre, cuerpo y patas de liebre, el susto que la gobierna la obliga a saltar dejando las marcas que vuelven a conmovernos.

Laguna Escondida

Nos costó mucho pero al final llegamos. Extraviamos varias veces la esquiva picada, la cobertura de nieve asimila o esconde todos los bordes, redondea las anomalías de las laderas, por fin trepando las piedras mojadas, resbaladizas, con los borceguíes inundados de agua-nieve, llegamos a la Laguna Escondida. Nombre más apropiado imposible, está arriba de una formación basáltica que se asoma como un balcón sobre Caviahue, y sólo subiendo unos trescientos metros de perfecta verticalidad hemos logrado llegar hasta ella. Pero la sorpresa no es el paisaje nevado de pehuenes, ni la superficie quieta del agua que refleja la belleza del volcán Copahue como si lo tuviera aferrado, como si se lo hubiera apropiado. El asombro nos conmueve cuando descubrimos que la laguna que tanta maravilla nos ofrece, en realidad está compuesta de agua descompuesta. Su mediana extensión no tiene salida, es agua muerta, y además influida por las sales y carbonos y azufres del volcán. Y más lo entendemos cuando arrojamos una piedra sobre la superficie inmóvil. La espesura y el color negro del agujero de líquido que se produce derrumba bastante la belleza del principio.

Zona Natural Protegida

Todo Caviahue está incluido dentro de una Zona Natural Protegida. Y también está inmerso naturalmente en territorio aborigen, en una zona en donde las comunidades originarias que viven en las afueras de Caviahue se fusionan en las calles, en los negocios o en la Intendencia, con los que viven en el pueblo, con los que han llegado en los últimos años. Circulan autos de última generación junto a caballos, montados o no, y cabras u ovejas que pasan continuamente desde el cajón de un río a otro. La vida en Caviahue transcurre así, generando relaciones sociales inéditas para nosotros, el pueblo y sus negocios integrados a los habitantes de los pastos amarillos, a los que llegan por los senderos que se abren entre las lengas y los pehuenes, a la gente montada o de a pie, de bombacha y rastras amonedadas, o de vaqueros o deportiva elegancia.

Copahue

En Copahue, en los pocos edificios bajos que constituyen el pueblito, se vive bajo la amenaza cotidiana que irradia el volcán, omnipresente allí, apenas se levanta la vista. La fumata de la punta, el pequeño humo blanco que se aprecia casi todos los días, está tan cerca que parece propicio para frotarse y calentarse las manos sobre él. Hablé de amenaza pero pareciera que los habitantes, los hombres y las mujeres que desempeñan la única actividad local, el trabajo en los baños termales públicos, no se preocuparan por esto. Ninguna de las chicas con las que hablamos nos trasmitió la sensación de que estuvieran pendientes de los humores del volcán. Saben que él está allí, que de vez en cuando tiembla un poquito, que para la navidad pasada se movió bastante, pero que es un personaje necesario del lugar, si él no existiera, ellas no tendrían trabajo. Todo lo dicho, todos estos avatares de la vida en Copahue, se refieren sólo a los meses que corren de noviembre a abril o mayo. En el resto del año todo el mundo tiene que irse, el mundo de ellos se dispersa en mil lugares sustitutos. Todos cierran y apuntalan bien las ventanas y se van sabiendo que las construcciones se cubrirán totalmente de nieve. Y en el próximo noviembre tratarán de comenzar de nuevo preparando y reparando todo lo que se ha caído, desmejorado o destruido. La cotidianidad de baños termales, de enfermos que se curarán milagrosamente, de olores azufrados volverá a ser señora y reina de nuevo en Copahue.

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