PEHUENES

pehuenes - raíces aéreas Los estudios científicos datan sus orígenes, mejor dicho, los de sus antepasados, en doscientos millones de años. Los pehuenes moraban sobre la faz de la tierra, acompañando a seres que quedaron sepultados en algunos de los gigantescos desarreglos telúricos del mundo. Ya entonces cobijaban con sus sombras generosas, y les servían de alimento y de reparo a los dinosaurios. Sólo con mirarlos, observar la corteza de los más ancianos, el porte alto y orgulloso, se los puede imaginar reinando sobre la flora de ese tiempo. La gruesa e impar armadura  que recubre los viejos troncos, como si una mano mágica les otorgara una protección eterna, me traslada a una vivencia de otro tiempo.

Aunque hay algunos que han decidido no respetar sus normas constructivas originales (los que han decidido crecer obedeciendo a la conducción de una perfecta anarquía), en general los pehuenes se destacan porque la copa, armónica, irrumpe compacta en el extremo de una gruesa columna gigante elevada con verticalidad perfecta. Desde el conjunto de raíces aéreas que reptan a su alrededor entre piedras, arena o tierra, sosteniéndolo, han ido creciendo durante centurias hasta la fronda, este despliegue numeroso de brazos espinados que cuelgan y se hamacan pesada e incesantemente a merced de los vientos de la Patagonia neuquina.

Me pongo a tocar, admirar, abrazar, mimar por un ratito a este ejemplar, este Pehuén que luce su ancianidad, junto al conjunto que integra, en esta placita de Caviahue. Su corteza varias veces centenaria conforma un casi perfecto recorrido vertical de figuras pentagonales, octogonales, poligonales, encastradas unas con otras sin que ningún lado quede en desacuerdo, como si la perfección de un niño hubiera armado su rompecabezas y con la figura obtenida hubiera forrado este tronco. Pero en realidad estas figuras que estoy abrazando, esta rugosidad que acaricio, lo que miro es la propia escritura con la cual este ejemplar ha decidido presentarse al mundo para contar su historia. Esto que cualquiera entiende como corteza, hay que definirlo como el múltiple y exacto mensaje por el cual este amigo intenta contarme su vida aquí, cerca del lago Caviahue, cerca del Río Agrio, su vida en estos territorios cuando nada de lo que se ve, salvo ellos, los pehuenes, existían. Y así cada uno parece intentar dar cuenta, a través de la propia y exacta caligrafía, de la vida y de los avatares que le tocaron, todo mostrado en esta intemperie, en ésta su textura que también se asemeja a la de cualquiera de los animales prehistóricos, que yacen cientos de kilómetros debajo de nosotros. Y si mejor miro y pienso, también puedo encontrar el mensaje de su escritura hacia adelante, su certeza casi vanidosa de que sobrevivirán a todo lo que me rodea, incluido el lago.

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